Estereotipos de belleza

 UNA MIRADA EN EL ESPEJO


¿A QUIÉN VEO? 


Estereotipos de belleza

Por Alejandro Brown

Debe haber algo más en la vida que los estereotipos, ¿cierto? Para ser honestos, responder a esta pregunta es una labor mucho más complicada de lo imaginado en un principio por cualquiera de nosotros; y aún así continuamos pensando en su posible resolución: sin duda alguna la vida misma debe ser infinitamente más compleja que un débil y burdo ideal ¿no es así? Evidentemente esta premisa representa una opinión probablemente sostenida por la mayor parte de quienes se planteen este cuestionamiento con absoluta dedicación, no obstante, ¿en serio creemos con total firmeza y seguridad en esta afirmación? Sin duda alguna es así… ¿verdad?

No es tan sencillo en realidad, convencernos definitivamente con aquellas primeras respuestas; nuestra vida entera ha sido determinada parcialmente por una innumerable, indescriptible, insufrible cantidad de estereotipos e imágenes idóneas de supuesta perfección mediante las cuales moldeamos constantemente nuestro comportamiento y autoimagen con la finalidad de obedecer tales cánones. Sin duda alguna, en cuanto comenzamos a analizar con seriedad la influencia de los estereotipos sobre nuestra cultura actual, empezamos a descubrir toda una serie de valores y principios creados a partir de sólo unas cuantas ideas que se nos presentan como algún tipo de verdad universal o perfecto modelo a seguir. Es así como podemos sugerir una primera –pero no menos importante- afirmación: estamos siempre expuestos a estas susodichas ideas; pero entonces: ¿por qué las seguimos con tanta gracia y confianza? O mejor aún: ¿Cuál es el objetivo detrás de la elaboración y difusión de tales imágenes e ideales de inmaculada pureza? Varios de los dilemas a los que nos enfrentamos a continuación, son relativamente fáciles de resolver.

Para empezar, es fundamental reconocer que es imposible prescindir de estas simplificaciones en el proceso humano de percepción; la clasificación es una tarea esencial para cualquier ser humano, después de todo, vivimos en un diminuto planeta localizado en una pequeña galaxia perteneciente a un vasto universo; es decir: ¿Quiénes somos ante este interminable abismo, dentro de esta ininteligible existencia? Sin esta capacidad inherente a cada uno de nosotros, el peso del mundo sería demasiado grande como para ser sostenido por nuestras débiles estructuras mentales. He aquí la función primordial de los estereotipos: desarrollar una imagen completa pero superficial sobre algún ente, ambiente o espectro utilizando solamente nuestra primera impresión. Todo el tiempo estamos en contacto con un gran número de gente, lugares y estímulos de distinta cualidad y cantidad, por lo tanto, es sumamente necesario hacer juicios instantáneos para poder asimilar todo aquello que percibimos aparentemente sin problema, pues en el caso contrario, nos perderíamos irremediablemente frente a un océano de caos e incertidumbre.



Aun cuando ya hemos determinado en gran medida el papel que cumplen los estereotipos sobre nuestra perspectiva única, sería altamente imprudente asumir que la misma explicación puede ser empleada de la misma forma para definir el concepto de estereotipos de belleza. Existe una gran diferencia entre las simplificaciones creadas naturalmente como parte del proceso cognitivo y todos aquellos modelos e ideales estéticos a los cuales somos expuestos continuamente, aunque estos no necesariamente reflejen la idea personal de belleza y atractivo. Este probable desacuerdo surge debido a que los estándares de belleza han cambiado súbitamente a través de la historia del hombre para poder adaptarse a las necesidades e ideales de la sociedad. Inclusive el concepto mismo de estética implica una gran gama de definiciones y aplicaciones distintas modificadas activamente por el tiempo, nunca podremos encontrar una sola imagen de insuperable perfección aceptada por toda la diversidad de culturas, durante cualquier periodo de su historicidad. Sin embargo, si nos enfocamos en algún lugar y momento específico, lograremos determinar el modelo de belleza representativo de esa época. Actualmente la globalización y la proliferación de los medios de comunicación han influido ampliamente sobre las distintas formas mediante las cuales se propagan y difunden los estereotipos de belleza.

Hemos llegado a tal punto en el cual se ha vuelto de suma importancia preguntarnos la finalidad detrás de la creación de estos modelos estéticos; como indica Leticia Sesento (2018): “En la sociedad contemporánea se tiene muy presente la idea de que, al hablar de belleza, hay que observar únicamente la parte estética del objeto o persona en cuestión”(p.2).1 La respuesta es increíblemente simple: no todo lo que brilla es oro, pero todo aquello que brilla, nos llama la atención. El físico significa nuestro principal medio de presentarnos ante los demás, menos la obligación de desenvolvernos con completa honestidad y transparencia (o revelar el interior). Por ende, la belleza también vende y esto es aprovechado muy bien por marcas, empresas privadas, instituciones gubernamentales, escuelas, políticos, artistas, y por supuesto, también por nosotros. En el mundo contemporáneo, donde las personas son vendidas como productos y juzgadas a partir de su valor económico, la imagen exterior es reminiscente al slogan con el cual las marcas tratan de asegurar una nueva compra…

 



Referencia

1. SESENTO, Leticia & LUCIO, Rodolfo. Afectación en la autoestima de las adolescentes a causa de los estereotipos de belleza como falsa respuesta a una imagen estructurada colectiva. Revista de Pedagogía Crítica. 2018, 2- 4: 1-13

Bibliografía

1. Salinas-Padilla,H.A.(2010).INFLUENCIA DE LOS MEDIOS MASIVOS DE COMUNICACIÓN Y LOS ESTEREOTIPOS DE BELLEZA EN LOS JÓVENES UNIVERSITARIOS.Acalán Revista de la Universidad Autónoma del Carmen. PP.13-15. Julio-Agosto, 2010 No.66, ISSN 1405-9401

 

 

 

 

 


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